28 sept. 2011

A veces los comienzos no son fáciles, a veces, el adiós es la única salida.

¿Tengo que resignarme y creer que el adiós es la única salida? ¿Tengo que creer que no vale la pena?
Me doy cuenta de que a veces las pequeñas cosas hacen un gran día, hacen más llevadera la convivencia con el ambiente al que no me adapto. Las estupideces, hablar, charlar, pelear, gritar, reirnos, volver a pelear, volver a reirnos. ¿de qué vale?
Suena tan apta la situación en ambos casos, ¿vale la pena remarla? Si no les importo, creo que no, no vale la pena. siento que no vale la pena, siento que mil cosas me pasan por la cabeza, siento que no les importo, que no me quieren, que no nada :/ conclusión? ya puse de mi parte.

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